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martes, 3 de marzo de 2015

Pierogi. Raviolis polacos.



Los pierogi (leído: pierogui) son sin duda uno de los platos más típicos polacos. Para explicar la idea de este plato podrían comparase con empanadillas cocidas/al vapor o con los ravioli. Tienen siempre la misma forma, de media luna, y una prácticamente infinita lista de rellenos... Los más populares son los pierogi con relleno de carne, de chucrú y setas, de queso fresco y patata o en su versión dulce - de fruta. Suelen ser cocidos, aunque también los fritos son muy populares; a veces, se sirven con barszcz (caldo de remolacha). Los salados vienen untados con mantequilla o sofrito de cebolla o/y bacon, mientras los dulces, con nata y azúcar. Los rellenos pueden prepararse según gusto, después de la última Navidad preparé unos con relleno reciclado de un asado de jamón y lombarda guisada, salieron deliciosos.

Esta es una versión "de autor" de los tradicionales pierogi ruskie (aunque polacos, se llaman rusos), es decir con relleno de queso blanco fresco tipo ricotta y patata cocida, pero enriquecido con puerro y queso curado (aquí el pecorino). Los he comido untados con sofrito de cebolla; los más carnívoros pueden preparar el sofrito también con bacon. Es cierto que son algo laborosos dado que hay que preparar tanto la masa (probablemente la parte más complicada) como el relleno por separado, de hecho suelen hacerse en cantidades grandes, para toda la familia, pero de verdad el tiempo invertido en su preparación merece la pena. Yo esta vez he hecho una cantidad para 4 personas y he congelado la mitad - la próxima vez que tengamos ganas de pierogi bastará solo sacarlos con antelación del congelador y freír.


Pierogi con queso y patata.
Para 36 pierogi / 4 personas.

Para el relleno:
500 g de patata
125 g de queso fresco blanco tipo ricotta (twaróg) (si conocemos alguna tienda polaca, rusa o ucraniana lo podemos encontrar ahí, o como alternativa podemos usar también el "cottage cheese" como el que venden en el lidl)
unas 2-3 cucharas de pecorino (o parmesano, u otro queso curado) rallado
1 cebolla grande
unos 10 cm de puerro
pimienta

Para la masa:
380 g de harina de trigo
150-180 ml de agua templada
1 huevo
1 cucharadita de sal
1 cuchara de aceite o mantequilla derretida.
Para la preparación de la masa necesitaremos un rodillo de cocina (aunque yo una vez también me apañé con una botella de vidrio...), para cortar los círculos un vaso de unos 8-9 cm de diámetro y para cerrar, un tenedor.

Para el sofrito:
3 cucharas de mantequilla mantequilla
o 1 cebolla para un sofrito de cebolla, aceite para freír
o 1 cebolla + un puñado de bacon ahumado para un sofrito de cebolla y bacon, aceite para freír.


Podemos empezar por el relleno. Pelamos las patatas, las pelamos, cortamos en cachitos y cocemos en agua salada. Una vez que estén tiernas, quitamos el agua y pasamos por un pasapurés o las "molimos"con un prensador de patata, dejamos enfriar.
Mientras tanto, sofreímos la cebolla. Si vamos a untar los pierogi con un sofrito de cebolla, podemos sofreír las dos cebollas a la vez - una mitad la usaremos para el relleno, la otra la reservaremos para el sofrito. Para ello, picamos la cebolla muy finamente, y sofreímos a fuego medio con un poco de aceite hasta que esté tierna, dulce y dorada. Justo antes de que esté, quitamos la mitad que vamos a usar para untar los pierogi y a la otra, todavía en la sartén añadimos el puerro cortado en rodajas y luego en cuatro. Seguimos sofriendo un minuto más y añadimos a la patata, junto al queso blanco y el queso curado rallado y pimienta negra. Removemos hasta juntarse todos los ingredientes en una masa homogénea. Tapamos, reservamos.

Ahora toca el trabajo duro... la masa. En un cuenco, colocamos la harina, sal, huevo, aceite y agua (podemos empezar con unos 150 ml y seguir echando más según haga falta, aunque no deberían ser más que 180 ml en total). Podemos saltarnos cucharas y pasar directamente a trabajar la masa con las manos - una vez que podamos formar con ella una única bola, la sacamos a una superficie limpia y seguimos amasando hasta que este lisa y elástica (tardaremos un poco, en media unos 5-10 minutos). Una vez la masa es lista la seguimos amasando con el rodillo, extendiéndola con todas las direcciones hasta que tenga unos 2 mm de grosor. En el caso que se pegara al rodillo o la superficie, podemos echar un poco de harina, aunque no debería ser el caso (desde que añado el aceite en la masa, nunca he tenido que hacerlo).

Cortamos la masa en círculos con el vaso. En medio de cada uno, colocamos más o menos una cucharadita de relleno (tenemos que poder cerrarlos sin que salga el relleno), doblamos y para cerrarlos, aplastamos el borde abierto con un tenedor.

Cocemos en una olla grande con agua salada - metemos en agua hirviendo solo tantos pierogi para que puedan flotar sin pegarse uno a otro. Desde que salgan a la superficie, los dejamos cocer unos 5 minutos.
Sacamos, untamos con el sofrito de nuestra elección. Si quedan, podemos volver a calentarlos en agua, o freír.

viernes, 6 de febrero de 2015

Sopa de guisantes amarillos. Para el frío.


Esta es una versión algo más ligera de una de las sopas más típicas polacas, la grochówka. Perfecta para el invierno, una alternativa perfecta a las lentejas. Los más carnívoros pueden disfrutarla en su versión "más" original, con costillas y/o bacon ahumado. La versión vegetariana es igual de buena, sobre todo si se toma con una rebanada de un buen pan de centeno (¡yo siempre me la preparo untada con mantequilla!).















La preparación es bastante rápida, no hace falta poner los guisantes en remojo y la mayoría de los ingredientes ya la tenemos normalmente en casa. Aunque los guisantes amarillos (secos) no son muy populares en España, sí se pueden encontrar en la mayoría de los supermercados más grandes y en tiendas con alimentos orientales / de subcontinente indio (>dal).


Sopa de guisantes amarillos
para 2 personas
150-170g de guisantes amarillos
un cachito de zanahoria (1/3 más o menos)
una patata mediana
un diente de ajo
mejorana (u oregano) - a gusto (una cuchara mínimo)
1 hoja de laurel
sal, pimienta
opcional / versión para carnívoros: unas costillas (¡sin adobar!)  y/o bacon ahumado en taquitos

Lavamos los guisantes en agua fresca, escurrimos. Las ponemos en una olla, cubrimos con dos dedos de agua y ponemos a fuego. Pelamos la zanahoria, la cortamos en medias rodajas de 2-3 mm de grosor. Pelamos la patata y la cortamos en cubitos de 1 cm. Aplastamos el diente de ajo, le quitamos la piel y lo picamos finamente.

Cuando los guisantes lleguen a ebullición, en la superficie subirá mucha espuma blanca. bajamos la temperatura, recogemos la espuma con una cuchara (y la tiramos) y echamos en la sopa las verduras preparadas y las especias (y si la usamos, la carne). Dejamos cocer la sopa a fuego lento, tapada, más o menos 45 minutos, removiendo de vez en cuando y añadiendo agua si hiciera falta;  antes de terminarla volvemos a probar si está bien de sal y mejorana. Está hecha cuando está a punto de convertirse en un puré (probablemente mucha patata y una mayor parte de los guisantes se desharán ya antes); si está muy espesa, añadimos un poco más de agua. O, si no te gusta tanto la consistencia de puré, puedes terminarla un poco antes (siempre cuando los guisantes estén cocidos, probablemente no antes de 30 minutos de cocción).



domingo, 17 de junio de 2012

Tarta crumble con relleno de chocolate, merengue y cerezas (kruszon).





Me he acordado de ella esta invierno; obviamente, en aquel momento no era temporada de cereza, así que la hice con manzana y salió muy bien. 
Aunque en mi opinión, la versión original con cereza no tiene parangón. Puede que sea también porque es ésta la versión de la cual me acordé como una tarta que comía hace mucho, mucho tiempo.  

Una tarta perfecta. Es contundente como valer como un postre de invierno en la versión con manzana; la agridulce frescura de la versión con cereza le otorga la ligereza de un postre de verano.  


Tarta crumble, con relleno de chocolate, merengue y cerezas: 
para un molde 24-26 cm

400g de harina
150g de azúcar (dividimos en dos partes: 100 g + 50 g)
250 g de mantequilla fría
5 huevos (separamos las yemas de las claras)
2 cucharas de cacao amargo 
2 cucharaditas de baking powder
500g de cereza
azúcar glas.

Mezclamos la harina con 100 g de azúcar, el baking powder, las yemas y la mantequilla cortada en dados, hasta obtener una masa lisa. Dividimos en 3 partes, quitamos la cuarta parte de dos de ellas y las añadimos a la restante. A una de las partes pequeñas añadimos el cacao y amasamos hasta obtener una masa de chocolate homogénea. Dejamos en la nevera una media hora.
Acolchonamos el molde (primero cubrimos la base con papel de hornear) con la parte de la masa más grande. Si sobra un poco, lo volvemos a añadir a la otra parte blanca más pequeña. Desmenuzamos la parte con cacao encima de la base. Deshuesamos las cerezas (se puede hacer perfectamente a mano, con los dedos, las cerezas pueden estar partidas, incluso mejor) y las distribuimos encima de la capa de chocolate.
Untamos las claras a  punto nieve, al final añadimos poco a poco el resto del azúcar (50g). Cubrimos las cerezas con las claras batidas y por último, desmenuzamos la última parte de la masa (blanca) por encima de la tarta. 
Horneamos a 180º C unos 35-40 minutos. Dejamos enfriar, antes de servir echamos un poco de azúcar glas por encima.

jueves, 5 de abril de 2012

Pascua dulce. Mazurek con dulce de leche y chocolate negro.





Me gustan las fiestas de primavera. Son frescas, son alegres, celebran la vuelta a la vida. Y sus símbolos: huevo, cordero, conejitos y polluelos. La simbólica bendición de alimentos que celebramos en Polonia el Sábado de Pascua, un rito puramente pagano, la costumbre de decorar casas con ramas que empiezan a florecer... 
El sol está cada vez más alto y el verde más verde.


Pascua significa llenar la mesa de dulce y salado. 
Una de las especialidades polacas: mazurek, un pastel con base de masa quebrada dulce cubierta con más dulce aun: masa de chocolate, caramelo, mermelada, nueces, frutos secos...


Hoy: mazurek con dulce de leche y chocolate negro.


Masa quebrada.
300 g de harina
200 g de mantequilla
100 g de azúcar
1 yema 
1 cuchara de nata (opcional)
1 pizca de sal.


En un cuenco mezclamos todos los ingredientes (lo hago con las manos, es lo más cómodo...) hasta obtener una masa lisa y homogénea (al principio nos va a parecer que es mucha harina, pero poco a poco se irá incorporando). Envolvemos en film transparente y dejamos en la nevera una hora. 
Forramos un molde (puede ser redondo o cuadrado - eneste caso también la nadeja del horno, no importa) con la masa, horaneamos unos15-20 minutos a 180º C, hasta que esté dorada.
Dejamos reposar / enfriar.


Dulce de leche.
400 ml de leche entera
200 ml de nata de batir (32%)
200 g de azúcar.


Ponemos los ingredientes en un cazo. Dejamos cocer a fuego medio, removiendo de vez en cuando. Cuando al final la mezcla empiece a coger color y espesarse, es muy importante tener cuidado para que no se queme y seguir removiendo de manera continua. 
El dulce de leche tardará en hacerse bastante: suelen ser unas dos horas. 



Una vez este hecha la base y el dulce, montamos el pastel. El dulce de leche se queda denso una vez frío, por lo cual intentamos trabajar con él de prisa. Podemos alisar la superficie del pastel con una espátula mojada en agua fría.
Una vez listo, decoramos con chocolate. 



Cobertura de chocolate.
70 g de chocolate negro (70%)
1 cucharadita de mantequilla.


Llevamos a ebullición agua en un cazo. Rompemos el chocolate en trozos y lo metemos en un cuenco apoyado encima del cazo con agua hirviendo, sin que el cuenco toque el agua. Añadimos la mantequilla, removemos. Una vez incorporada la mantequilla, podemos empezar a decorar el pastel. Es buena idea dejar el cuenco mientras tanto encima del vapor, aunque se puede bajar un poco el fuego - de esta forma el chocolate seguirá líquido.





jueves, 29 de marzo de 2012

Caldo casero. Por ejemplo, con pasta fresca.





Es la madre de todas las sopas, una base para muchísimas salsas, un ingrediente imprescindible a la hora de preparar risottos, un elemento esencial en muchas, muchas recetas. 


El caldo. 


Caliente, aromático, sabroso. El caldo de verdad, la esencia robada a la carne y a la verdura después de horas de una lenta cocción. Fácil, muy fácil en preparación, lo único que necesita es algo de tiempo, pero para hacerse prácticamente solo. 


Perfecto para un día frío. O como dieta para un enfermo. De hecho, en mi cabeza es uno de los primeros remedios caseros para cualquiera que sufra de catarro o gripe.


Esta vez hemos caído dos a la vez, el hermano de mi Querido y yo.
Y he tenido que pensar que lo que nos hacía falta era el caldo. Un caldo fuerte: un caldo de gallina. 


Para 4 personas.
½ gallina*
2 zanahorias
½ puerro
dos ramas de perejil
2 dientes de ajo
1 pimiento de cayena / chile rojo
2 hojas de laurel
2 bayas de pimienta de Jamaica (si tenemos)
sal
pimienta
agua.

En una olla metemos la carne, las verduras peladas / lavadas (para lavar el puerro, lo cortamos a lo largo y lavamos con abundante agua teniendo cuidado con que no quede tierra entre sus hojas) y las especias, las cubrimos con 2 litros de agua. 
Ponemos la olla a fuego alto. Cuando el agua llegue a ebullición, bajamos el fuego y dejamos el caldo a fuego muy lento (debería apenas hacer burbujas) durante unas 4 horas, con la tapa puesta. Si en la superficie se ha creado espuma (probablemente ha pasado cuando el agua llegó a hervir), la quitamos.

El caldo debería tener un sabor ligeramente dulce, pero a la vez fuerte, nunca insípido (que pasará si lo cocemos durante poco tiempo o tiene demasiada agua). Si durante su cocción vemos que se ha reducido demasiado y es muy grasiento, añadimos más agua. 
Pasamos por un colador. Servimos con pasta fresca y perejil picado (¡extra dosis de vitamina C!).**

* alternativa: pollo o carnes mezcladas: muslito/ala de pollo y / o pavo, ternera.
** sugerencias alternativas: cualquier otro tipo de pasta seca o tortellini. 

jueves, 22 de marzo de 2012

Desayuno + primavera = huevos à la vienesa.


 

Me encantan desayunos salados. Aquí en el Sur no son tan populares, sí, se suelen ofrecer croissants con jamón y queso, o pan con tomate y jamón, pero. 
En el Norte, en cambio, un desayuno salado es algo normal. Sí, también se desayunan lácteos, cereales, dulces: bizcochos, bollería etc, pero: una rebanada de pan con mantequilla, embutido, queso, tomate, pepino... huevos, cocidos o revueltos,... 


Me encantan desayunos salados y me encanta hacer desayunos largos los fines de semana (porque es solo entonces cuando me los puedo permitir). 
Además: hace sol, es primavera, en la maceta del balcón acaba de salir cebollino... Y dentro de nada, Pascua. Es decir: para un lento desayuno de fin de semana toca huevo à la vienesa. 


Es fácil, es rápido, está buenísimo. En Viena misma se llaman huevos "en vaso" (Eier im Glas). Hay dos maneras de prepararlos, a lo mejor la otra es más elegante pero yo los he hecho siempre así:


Huevos è la vienesa.
Por persona:
2 huevos
1 cucharadita de mantequilla
sal
pimienta
cebollino (opcional).


Otros opcionales: albahaca, ajo picado, pimentón dulce, picante, etcetcetc... 


Cocemos los huevos: las claras deben cortarse y las yemas quedar líquidas. Yo suelo poner los huevos en agua fría, y desde que el agua empiece a hervir, los dejo cocerse durante 3 minutos (para huevos medianos, si son grandes, incluso 4 minutos). 
En la versión 2 de la receta, que yo personalmente no practico, los huevos se cuecen en un mini-baño María: se ponen en un vaso, el vaso dentro de un cazo con agua sobre fuego hasta que se corten las claras. Admito que igual es un método más fácil, ya que de esta forma se puede ver exactamente cuando los huevos están en su punto, así que no nos arriesgamos pasarnos ni quedarnos con unos huevos medio crudos.


Pasamos los huevos pelados a un vaso (si no se han hecho en él), añadimos la mantequilla, sal, pimienta (recién molida), cebollino picado. Servimos calientes. 




viernes, 3 de febrero de 2012

Sopa de setas. Una receta muy rápida.






Una receta muy rápida, antes de ir a dormir. 
Para llevar mañana al trabajo. Va a saciar y calentar. Perfecta para 5º bajo cero.


En realidad en la cocina tradicional no se usan setas frescas sino solamente setas silvestres secas. Pero, como me quedaban unos champiñones, los he usado también y creo que el plato ha salido muy bien.


Ingredientes para dos raciones bastante generosas:
6-8 champiñones 
15 g de setas silvestres secas
1 zanahoria
400 ml de caldo de verdura
½ cebolla
1 vaso pequeño de nata (unos 100 ml, si nos gustan sabores más suaves / cremosos, pueden ser más)
un chupito de brandy (opcional) 
1 cuchara de mantequilla
sal, pimienta
perejil


Antes de todo ponemos las setas secas en remojo (pueden quedarse ahí inclusa hasta unas cuantas horas, pero si no nos hemos acordado antes, también unos 30-45 minutos vana  ser suficientes), echándoles agua templada hasta cubrir. Cortamos cebolla en cubitos finos, zanahoria en láminas finas. Sofreír la cebolla y la zanahoria en mantequilla, hasta que queden tiernas. Mientras tanto limpiamos y cortamos los champiñones (por ejemplo en medias láminas); escurrimos las setas silvestres (reservamos el agua) y las picamos. 
Añadimos los champiñones, las setas y el chupito de brandy, sofreímos. Cuando los champiñones estén echos, echamos el agua de hidratar las setas (debería ser un pequeño vaso, unos 100-150 ml) y el caldo caliente. Dejamos a fuego lento una media hora. 
Sazonamos, añadimos la nata, removemos, servimos. Adornamos con perejil picado.







martes, 31 de enero de 2012

Un buñuelo de viento, pero diferente.




Iba a ser una sugerencia corta, pero al buscar la correspondencia nominal en diferentes idiomas de esta cosa TAN buena, me he tropezado con unas (otras más) curiosidades. El padrón de las curiosidades que uno va descubriendo mientras investiga las recetas o artículos sobre comida suele ser semejante y la conclusión es siempre la misma: resulta en un asombro sobre la universalidad de las invenciones y gustos culinarios, tanto en la dimensión cronológica como geográfica. 


El origen de esta cosa TAN buena no se conoce muy bien, dicen que llegó hace 400 años a Francia desde Italia (esta cosa, junto con la historia de los macarrones, me hace pensar que los franceses han sido un poco tramposos con lo de ser LOS grandes pasteleros).  En fin, el hecho es que cuatro siglos más tarde esta cosa TAN buena se come por toda Europa. En dimensiones más grandes o pequeñas, con diferentes tipos de relleno (crema, nata, helado...) y cobertura (caramelo, chocolate o simplemente azúcar glas...): profiterole, Windbeutel, choux à la crème, puff, ptyś, větrník... y además, seguro que tanto en República Checa como Alemania o Italia dirán que es un dulce típico.
En España, ha sido un poco maltratado y el resultado de aquel maltrato no es precisamente el mismo placer gustativo ya que la ligera pasta (la pâte à choux) en vez de cocerse se fríe (de hecho, el nombre español viene del  nombre de un dulce judío frito en forma de bola: bimuelo).


Creo que no hace falta que diga que soy fan de la ligerísima versión horneada.
Lo que sí hace falta es decir que hacerlos en casa es mucho más fácil de lo que parece. De verdad. 



Para unos 25 bollos (de tamaño de una manzana no muy grande) nos hacen falta:
100 g de mantequilla
200 g de harina
250 ml de agua
5 huevos
una pizca de sal.


En una cazo cocemos el agua con la mantequilla, hasta que la mantequilla se derrita. Añadimos la harina y la sal, mezclamos bien, removiendo con una cuchara de madera hasta que desaparezcan los grumos, y reservamos. Cuando la masa haya perdido un poco de temperatura, añadimos los huevos, echando uno por uno mientras estamos mezclando la masa con una amasadora (o si no la tenemos, se puede hacer perfectamente a mano; si usamos la amasadora mejor con las varillas espirales que las de batir). La masa debe quedar homogénea, pegajosa pero elástica.
En una bandeja de horno con papel de hornear (o si no tenemos, untamos la bandeja con una fina capa de mantequilla) colocamos +/- media cuchara de masa por buñuelo, dejando una distancia de unos 2-3 cm entre cada uno (los bollos van a crecer bastante, llegando casi a triplicar su volumen, así que hay que dejarles un poco de espacio para ello). 
Horneamos unos 35 minutos a 200ºC, hasta que estén dorados. Importante: si empiezan a coger demasiado color antes del tiempo, bajar la temperatura. No debemos abrir el horno antes de que estén bien hechos - ¡se van a "colapsar"! 




Se pueden rellenar con manga pastelera, es decir enteros sin abrir - metiendo la boquilla de la manga entre los pliegues, o abiertos (cortados) a la mitad. Para el relleno de nata, para 25 buñuelos nos harán falta unos 700 ml de nata de montar + unas dos cucharas de azúcar glas. Una vez rellenos, espolvorear con un poco de azúcar glas por encima.

sábado, 24 de diciembre de 2011

La dulce tentación de Hansel y Gretel.



Empezamos, entonces.
He tardado mucho en decidir cómo. Pero, en el fondo, ¿no es la época qué más ideas puede ofrecer? Hoy es el 24 de diciembre, la vigilia de Navidad - las fiestas cundo más pesadas se ponen nuestras mesas (y, en consecuencia, nosotros mismos...). Pensé que el inicio sería fácil. 


Pero cuando empecé a elegir las plantillas, las fuentes, los fondos del blog y dar mil vueltas a la idea, pensé que al final no me daría tiempo de publicar ninguna receta o idea navideña a tiempo. Sin embargo se me había olvidado de una cosa - mientras "mi" Navidad, la Navidad polaca habrá acabado ya dentro de muy pocos días, la española todavía sigue casi dos semanas más...
Así que, todavía estoy a tiempo.


La Navidad polaca dura tres días, empieza el 24  diciembre y sigue dos días más. Durante estos días las mesas se llenan de comida; se van vaciando, y siguen llenando... Según la tradición, solo durante la cena de la vigilia de Navidad, es decir el 24 de diciembre, debería haber doce platos. Un elemento muy importante del menú (bueno, en realidad, tanto en esta temporada como también durnte todo el resto del año), son los dulces. Entre ellos, algo tan sencillo como una galleta.
Una galleta particular. Una galleta picante, aromática, dulce. Tomada con una taza de té caliente, perfecta para cualquier tarde fría de otoño e invierno. La pequeña hermana del pan especiado de Navidad típico en todo centroeuropa, en mi país llamado piernik.*  


Las que he hecho este año tienen un toque de chocolate. 
Hechas de una masa más fina y decoradas, pueden convertirse en perfectos adornos: para colgar (en este caso, antes de meterlas en el horno, tenemos que acordarnos de hacerles pequeños agujeritos para lugeo poder pasar un hilo o una cinta) o hasta en pequeñas maravillas de casitas de cuento, como la de la bruja del cuento de Hansel y Gretel (sí: ¡en el original la bruja vivía en una casita de pan de especias, no de chocolate!). 


* El término piernik (pl. pierniki) puede referirse tanto al el pan / bizcocho especiado grande, como también a una galleta pequeña. 


420 g de de harina (blanca de trigo)
60 g de cacao (negro / no soluble, por ejemplo de valor)
80 g de azúcar glas
¾ de cuchardita de bicarbonato
1 pizca de sal
3 cucharas de mezcla de especias (ver abajo) 
piel de una naranja, rallada (solo la parte naranja, intenar evitar rallar la parte blanca, ya que es amarga)
180 g de mantequilla
1 huevo
60 g de chocolate negro 
4 cucharas grandes de miel o melasa

Mezcla de especias: 
5 cucharaditas de canela, ¾ de cucharadita de mezcla de pimientas (negra, blanca, rosa), ½ cucharadita de clavos, 1 cucharadita de gengibre, ½ cucharadita de nuez moscada, semillas de media vaina de vainilla, 3 semillas de una estrella de anís. Meclamos todos los ingredientes en un mortero y trabajamos hasta obtener una mezcla de polvo fino. Podemos usar también un molinillo o especias ya molidas (opción para los más "vagos").


En un bol mezclamos los ingredientes secos: harina, bicarbonato, sal y las especias. Poner en un cazuela con fondo gordo la mantequilla, chocolate y miel hasta fundir todos los ingredientes, mezclar, dejar enfriar.
Echamos el huevo y la piel de naranja rallada al bol con los ingredientes secos, añadimos la mezcla de chocolate, mantequilla y miel. Mezclamos todo hasta que forme una masa homogénea (la masa debería tener consistencia de plastilina). La dejamos a enfriar una hora en la nevera (de esta manera, la masa se dejará trabajar mejor).
Sacamos la masa de la nevera, la trabajamos con un rodillo hasta que tenga un grosor de unos 3-5 milímetros (un truco muy bueno: meter la masa entre dos hojas de papel de horno). Cortamos gallatas con cortapastas. 
Horneamos 10-12 minutos a180º. Sacadas del horno, dejamos a enfríar encima de la rejilla. Guardamos en un bote cerrado; pasados unos días suelen las galletas suelen emblandecer. Si estuviesen muy duras, podemos meter en el bote un trocito de manzana. 

Para decorar (con un cono de papel para hornear, manga pastlera o jeringa) podemos usar una cobertura obtenida a patir de una mezcla de clara de huevo con azúcar glas (o agua conazúcar glas aunque la cobertura se manetine mejor si es de clara de huevo). La mezcla debe ser bastante densa (primero intentamos hacer por ejemplo una línea, que no debe perder forma sino mantenerse firme). Si deseamos decorar en diferentes colores, añadimos un colorante. Se pueden usar perlas para decoración de repostería, etc.